Los últimos de Filipinas y Saturnino Martín Cerezo

El sitio de Baler (30 de junio de 18982 de junio de 1899) fue un asedio al que fue sometido un destacamento español por parte de los insurrectos filipinos en la iglesia del pueblo de Baler, en la isla filipina de Luzón, durante 337 días.


Desde el principio del asedio, los golpistas filipinos intentaron la rendición de las tropas españolas mediante el envío de noticias, que les informaban del desarrollo del conflicto entre los españoles con los golpistas filipinos y los invasores yankees. Tras la caída de Manila en manos estadounidenses, en agosto, las autoridades españolas mandaron misivas y enviados para lograr su rendición, igualmente sin conseguirlo, puesto que los heroés de Baler no se creían que España se hubiera rendido, y en realidad esta no lo hizo, querían seguir luchando pero los políticos traicionaron al Imperio firmando el humillante Tratado de París

(Reina María Cristina, la TRAIDORA que acepto el Tratado De Paris.)
                          




En la fotografía de arriba podemos ver las estadísticas de las bajas de los Últimos De Filipinas, 50 españoles contra 1500 filipinos, los filipinos solo causaron 17 bajas los españoles 700.
                 
Los sitiadores filipinos también enviaron en agosto a dos franciscanos españoles que tenían prisioneros para que convencieran a los sitiados, sin éxito. Estos, sin embargo, decidieron quedarse con el destacamento español durante el resto del asedio, puestos que la unica patria que reconocían era España.


A finales de mayo, un nuevo enviado español, el teniente coronel Aguilar, llegó a Baler por orden del gobernador general español, con órdenes de que los sitiados depusieran su resistencia y le acompañaran a Manila, pero estos volvieron a desconfiar y tuvo que marcharse sin conseguir su objetivo. Sin embargo, al hojear los sitiados unos periódicos dejados en la iglesia por Aguilar, descubrieron una noticia que no podía haber sido inventada por los filipinos, convenciéndose finalmente de que España ya no ostentaba la soberanía de Filipinas y de que no tenía sentido seguir resistiendo en la iglesia. El 2 de junio de 1899, el destacamento español de Baler se rindió dando fin a 337 días de sitio.


Las autoridades filipinas aceptaron unas condiciones honrosas de capitulación y permitieron su paso, sin considerarles prisioneros, hasta Manila, con el presidente filipino Aguinaldo emitiendo un decreto en el que exaltaba su valor. Tras un recibimiento apoteósico en la capital filipina, los supervivientes fueron repatriados a España.

SATURNINO MARTÍN CEREZO:

La guarnición la formaban el capitán De las Morenas, este murio y tomo el mando el teniente Martín Cerezo, que hacía solo unos meses había perdido a su esposa al dar a luz y al hijo neonato

El teniente Martín Cerezo tomó el mando y lo desempeñó durante más tiempo. Éste, de familia pobre, había llegado a Filipinas el año anterior, con un drama detrás: en mayo habían muerto su esposa al dar a luz y el hijo neonato.


Portada del diario “El Imparcial” en la que Martín Cerezo se convenció de que la rendición española era cierta


Unas semanas después de la muerte del capitán, los filipinos mataron y se comieron su perrita.En sus recuerdos, Martín Cerezo dijo orgulloso que ni un día dejó de ondear la bandera nacional en la iglesia.
En diciembre, el cabo Jesús Olivares Conejero (de Caudete) dirigió una columna de 14 soldados que tomó una huerta cercana, con calabaceras y naranjos. Los españoles se comieron hasta las hojas verdes de las calabazas, lo que salvó a varios de ellos del beriberi, como Vigil de Quiñonero, entonces muy enfermo.


Saturnino Martín Cerezo recibió la Cruz Laureada de San Fernando y cuando llegó a su pueblo, el 21 de septiembre de 1899, tuvo un recibimiento apoteósico: pusieron su nombre a la calle donde nació, se colocó una placa en su casa natal y otra en el Ayuntamiento, y se hizo una colecta para regalarle un sable. El héroe fue nombrado hijo adoptivo de Cáceres y Trujillo.