La Falange se opuso a la represión franquista

“Sembrad el amor por los pueblos por donde paséis. Tratad de un modo especialmente cordial y generoso a los campesinos y a los obreros. Porque ellos son, por ser españoles y por haber sufrido, nuestros hermanos. Y me dirijo ahora a los falangistas que se cuidan de las investigaciones políticas y policiales de las ciudades y sobre todo en los pueblos: Vuestra misión ha de ser obra de depuración contra los jefes cabecillas y asesinos; pero impedid con toda energía que nadie sacie odios personales y que nadie castigue o humille a quien por hambre o desesperación haya votado a las izquierdas. Todos sabemos que en muchos pueblos había (y hay) derechistas que eran peores que los rojos. Quiero que cesen las detenciones de esa índole.
Donde las haya habido, es necesario que os convirtáis vosotros en una garantía de los injustamente perseguidos. Y allí donde os encontréis, estad resueltamente dispuestos a oponeros a procedimientos contra los humildes. La Falange ha de estar en todos los sitios con la cara alta para defenderse de sus muchos enemigos. Y no hagáis sino sembrar amor, allá por donde paséis, dando el ejemplo que merecemos”.
(Manuel Hedilla Larrey. II Jefe Nacional de Falange Española de las JONS. Discurso radiofónico de la Nochebuena de 1936).


La posición oficial de la Falange bajo el brevísimo mandato de Hedilla fue:
  • Oponerse a los fusilamientos sin sumario.
  • Salvar del fusilamiento a personas inocentes, como en el caso del coronel de la Guardia Civil Villena.
  • Evitar los «traslados» de presos, que solían ser la excusa perfecta para que los represores dieran salida a sus instintos homicidas.  
  • Destitución de mandos y dirigentes falangistas que hubieran tomado parte en algún episodio represivo, como en el caso del Jefe Provincial de Navarra apellidado Moreno.
  • Intervención directa de Hedilla para impedir fusilamientos, como en el caso de Llano de Estepar, o para auxiliar al ex ministro republicano Filiberto Villalobos.
Y así debería haber sido durante aquella guerra y la larga posguerra que le siguió.
Pero el propio Hedilla sería represaliado por Franco. Condenado a muerte en 1937, se le conmutó la pena y fue encarcelado y confinado durante diez años.