La mordaz respuesta de Churchill a la idea de rezar para que llueva



Aunque debería ser motivo de vergüenza en pleno siglo 21, lo cierto es que muchas veces los políticos recurren a la superstición para todo tipo de cosas — una particular es rezar para que llueva en época de sequía. Hace casi 100 años, el entonces duque de Rutland (Reino Unido) escribió una carta en The Times, pidiendo eso precisamente.

Al enterarse, el entonces Secretario de Guerra Winston Churchill escribió esta respuesta satírica que firmó con el pseudónimo de 'Scorpio' —identidad que luego revelaría su secretario privado—: 


12 de junio de 1919

Para el editor de The Times.

Señor–

Tras ver varios informes en periódicos de que están a punto de ofrecerse plegarias para que llueva con el fin de que la actual grave sequía pueda terminar, me atrevo a sugerir que se debe tener gran cuidado en la elaboración de la petición. En la última ocasión, cuando se recurrió a esta medida extrema, el duque de Rutland tomó el papel principal con tanto entusiasmo bienintencionado que el aguacero resultante no sólo fue suficiente para todas las necesidades inmediatas, sino que lo hubo considerablemente en exceso de lo que realmente se necesitaba, con la consecuencia de que la comunidad agrícola ni bien había sido salvada de la sequía y ya estaban pidiendo a gritos una interposición especial para aliviarlos del diluvio.

Aprovechando esta experiencia, debemos sin duda en esta ocasión ser extremadamente cuidadosos al afirmar exactamente lo que queremos en términos precisos, con el fin de evitar toda posibilidad de cualquier malentendido, y para economizar en lo posible, la necesidad de estos recursos extraordinarios. Después de tantos días de sequía, desde luego, no parece razonable pedir un cambio en el clima, y la fe en una respuesta favorable bien puede ser fortificada por las probabilidades actuariales.

Mientras que, por tanto, acojo la sugerencia de que Su Gracia debería volver a intervenir, no puedo evitar la sensación de que en primer lugar debe ser consultado el Consejo de Agricultura. Ellos deben elaborar un calendario de la cantidad exacta de la precipitación necesaria en interés de la cosecha de este año en diferentes partes del país. Este horario puede ser rotulado en los diversos lugares de culto en el momento en que se haga el llamado. Sería, sin duda, innecesario leer todo el calendario durante el servicio, siempre y cuando se pusiera de manifiesto en ese momento que esto es lo que tenemos en mente, y lo que realmente queremos en la grave coyuntura actual.

Estoy seguro de que esta sería una manera mucho más profesional de hacer frente a la situación de emergencia que simples peticiones vagas para que llueva. Pero después de todo, incluso este esquema, aunque muy preferible a los azarosos métodos empleados con anterioridad, es en sí mismo sólo una improvisación parcial. Lo que realmente necesitamos es orar por la mejora general del clima británico.

¿De qué sirve tener estas interposiciones poco sistemáticas — ahora pidiendo luz del sol, y ahora que llueva? ¿No sería mucho mejor determinar mediante la investigación científica, llevada a cabo bajo los auspicios de una Comisión Real, cuál es la proporción de sol y de lluvia que mejor se adapta a la maduración de los cultivos británicos? Sin duda, sería necesario que otros intereses además de la agricultura estuvieran representados, pero tiene que haber ciertas reformas amplias y generales en el clima británico sobre las cuales se pudiera encontrar un consenso abrumador de la opinión. La proporción adecuada de lluvia con sol durante cada periodo del año; la relegación de la lluvia en gran medida a las horas de oscuridad; el reparto de lluvia y sol entre los diferentes meses del año, con la debida referencia no sólo a los cultivos, sino también a las vacaciones; todos ellos podrían recibir la debida atención. Se lograría una base realmente científica de la reforma climática.

Estas reformas, cuando hayan sido debidamente incorporadas en un volumen oficial, se podrían hacer el objeto de las peticiones sostenidas de la nación durante muchos años, e incorporadas en las oraciones generales con un carácter permanente y no excepcional. Entonces no deberíamos ser obligados de vez en cuando a recurrir a tales recursos en períodos concretos, que, ya que no están relacionados con ningún plan general, deben correr el riesgo de perturbar toda la economía de la naturaleza, e involucrar la interrupción y la desviación de procesos universales, provocando reacciones de la mayor complejidad en muchas direcciones que con nuestro limitado conocimiento es imposible que podamos prever.

Le ruego, Señor, que preste el peso de su poderoso órgano para la sistematización de nuestras peticiones para la reforma del clima británico.

Le saluda muy atentamente,

'Scorpio'