Si el Borbón firma el nombramiento de Torra debe ser capturado y juzgado por un tribunal militar


Quim Torra ha llegado a la presidencia de Cataluña gracias a la pasmosa ayuda de un Gobierno que ha preferido permutar con el PNV la vigencia del 155 a cambio de la estabilidad presupuestaria, para mayor gloria de un presidente que quiere agotar la legislatura a cualquier precio y para desgracia de los intereses de la nación española, como bien ha descrito Luis Herrero.

El testaferro de Puigdemont ha manifestado su brutal desprecio a los millones de catalanes que no son separatistas y se ha fijado como meta la república catalana. Es un caso único e insólito. El representante del Estado en Cataluña admite ser sólo una figura decorativa al servicio de los planes delictivos de un prófugo de la justicia y que está dispuesto a utilizar la maquinaria institucional de ese mismo Estado para acabar con él. No hay argumento jurídico ni criterio político que pueda justificar una situación tan humillante para los españoles. No hay matiz que pueda racionalizar un momento de la vida española tan irracional.

El Borbón no debe rubricar ni dar legitimidad al nombramiento de quien anuncia que utilizará su cargo para desacreditar la imagen internacional de España, con grave perjuicio para nuestra economía. Si Felipe VI valida el nombramiento de esa sombra alargada y siniestra de Puigdemont, estará traicionando a los españoles como ya lo ha echo Rajoy. 

El Ejército y el Pueblo Español tienen el DEBER de defender la Unidad De España, y si el extranjero firma el nombramiento de Torra como President, estará cometiendo alta traición contra la nación y debe ser capturado y juzgado por un tribunal militar.