El Ayuntamiento de Plasencia rehabilita al miserable fiscal que condenó a muerte a José Antonio Primo de Rivera


El cobarde de Vidal Gil Tirado cruzó la frontera de Francia en 1939 huyendo del avance de las tropas nacionales. Murió el 19 de febrero de ese año, al poco tiempo de instalarse en un campo de internamiento. No se sabe si llegó a enterarse de que, tan solo nueve días antes, la comisión gestora que gobernaba el Ayuntamiento de su ciudad natal había emitido un decreto en el que le repudiaba y le despojaba de la ciudadanía placentina.

El motivo: Gil Tirado fue el miserable fiscal que condenó a muerte al revolucionario falangista José Antonio Primo de Rivera en Alicante el 20 de noviembre de 1936.

El Consistorio placentino, a petición de la Asociación Cultural Pedro de Trejo, va a proceder ahora, casi 80 años después, a revocar ese edicto de repudio y 'rehabilitar la memoria' del jurista.

El edicto, que se ordenó fijar sobre su despojo «en todas las carteleras de la población», decía así: «La Comisión Gestora de este Excelentísimo Ayuntamiento, en sesión celebrada el día tres del pasado mes de enero, con vista de documento que confirma plenamente de una manera oficial la participación del nacido en esta localidad Vidal Gil Tirado en el asesinato del fundador de Falange José Antonio Primo de Rivera, acordó por unanimidad en nombre de la Ciudad de Plasencia, hacer una solemne repudiación de la conducta de indignidad y traición del citado Vidal Gil Tirado, y borrar su nombre de entre los de sus hijos para siempre, en la forma pública que sea procedente».

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"Considero una insensatez y un error capital condenar y fusilar a José Antonio en estos momentos... Sinceramente, y, hablando entre nosotros, no reconozco ninguna razón o pretexto que aconseje, y mucho menos justifique, tan precipitada e insólita decisión" (Durruti)

"Cuando pienso en José Antonio me sobreviene el sentimiento trágico de la vida. Su figura, usurpada por unos, y por ello odiada por los otros, permanece en un lugar en la memoria colectiva que no merece. Un gran pensador, un revolucionario, un hombre a seguir,… castigado por el destino y por la historia. Me alegra ver que su verdadero eco aún no se ha apagado y que aún quedamos quienes queremos rescatar a la figura de José Antonio de una Falange impostora y del régimen franquista. Por eso, cuando oigo levantarse las voces reclamando retirar el monumento a José Antonio de mi ciudad, no puedo evitar que me invada la tristeza: un monumento levantado por quienes le traicionaron, que de alguna manera pervierte su figura en vez de honrarla, y que aquellos que claman por la memoria histórica quieren abatir olvidando quién era realmente este hombre y qué predicaba." (Julio Anguita, ex secretario general del PCE y ex coordinador general de Izquierda Unida)

"Fue posible una cooperación de José Antonio con la República de izquierda si, con la acción y la retórica que amaba por igual, se le hubiera sabido atraer a nuestro régimen, pues yo no he olvidado que delante de mí le dijo un día a don Indalecio Prieto, por quien sentía afecto y admiración, que él se inscribiría en el partido socialista si éste se declaraba nacional. El nacionalismo exacerbado de aquel muchacho inteligente, reflexivo y audaz, a pesar de su aparente frivolidad señoritil, y su fiero antimonarquismo, engendrado por la ingratitud de Alfonso XIII para el general don Miguel, se habrían podido atraer y aprovechar si en los momentos en que la República era todavía una gran ilusión nacional hubiese habido alguien con perspicacia y autoridad suficientes para haber comprendido lo que en su cerebro encerraba José Antonio de positivo y la utilidad que de ello podía haber obtenido el nuevo régimen, necesitado de todas las cooperaciones españolistas inquietas por el porvenir para afianzarse, sin grandes resistencias, en el alma de todos los españoles progresivos."
(Félix Gordón Ordás, presidente del Gobierno republicano en el exilio)

"José Antonio y yo nos sentábamos juntos en la Cámara y pronto nos hicimos amigos. Comentábamos los debates del día, hablábamos de cualquier cosa. Recuerdo que siempre me decía: Teodomiro, si no fuese por sus ideas religiosas, qué cerca estaríamos usted y yo en política. En el fondo todos queremos lo mismo. Y era cierto."
(Teodomiro Menéndez, diputado socialista e inductor de la Revolución de Asturias de 1934)