Un repartidor de Glovo de 24 años tiene que dormir en la calle porque su sueldo no le permite alquilar una habitación


Exclusiva de: El Confidencial

Un repartidor de Glovo paseaba por Barcelona cuando vio a otro durmiendo en el suelo y lo fotografió. "Dormiría ahí porque está resguardado", cuenta. Ese mismo día a las tres el repartidor volvió a pasar por el cruce, pero ni su compañero, ni las mantas, ni las bolsas de reparto que portaba estaban ya. "Limpiaron entera la zona", explica.

Unos días después, el mismo repartidor pasó por la misma zona a la misma hora y vio al joven otra vez. Dormía con una chica entre cartones y tenía al lado la mochila de Glovo. Habló con él, le ofreció ayuda y confirmó que trabaja como mensajero en la empresa.


Isaac es español, tiene 24 años y ha vivido siempre en Cataluña. Hasta hace dos años residía con sus padres en Dosrius, un pueblo entre Granollers y Mataró, pero los desahuciaron. "Estaban pagando la casa y se la quitaron", dice por teléfono a El Confidencial.

Sus padres se separaron, su madre se fue a Ibiza y su padre con otra mujer. Isaac no se lleva bien con ella, así que empezó a vivir en la calle. Ha pedido ayuda a los servicios sociales de Barcelona y de Mataró, pero no han querido dársela.

Hasta hace una semana, Isaac trabajaba ayudando a su padre, que es electricista. "Estaba aprendiendo. Pero se rompió el talón de Aquiles y, además, estaba reñido con él", explica. Entonces se apuntó a Glovo: se dio de alta como autónomo, presentó los papeles que le pidieron y comenzó a repartir. "Entré para salir de esta situación. Me tienen que pagar 180 euros la semana que viene. No sé si me pagarán más. Necesito dinero de lo que sea y Glovo era la opción más fácil, aunque también estoy hablando con UberEats". La mochila de UberEats que aparece en la imagen es de su pareja: una joven de 29 años que también vive en Barcelona y duerme en la calle. Repartió durante un tiempo para ellos y mantiene la mochila. Como ya no lo hace, comparte la cuenta de mensajero de Glovo con él.

"Ahora estamos mirando habitación, a ver si encontramos algo. En Barcelona las hemos visto por 300 o 400, que dices: madre mía. Necesitamos una más barata. Aunque la encontremos fuera, seguiremos viniendo a trabajar a Barcelona".