Así Erdogan ha transformado a Turquía de un país «laico» a «islamista»


Desde el partido Justicia y Desarrollo (AKP), Erdogan ha tenido tiempo de sacudirse la herencia laica de la Turquía de Kemal Ataturk y ha dirigido el país hacia una «democratización», que los opositores han visto como una islamización.

Erdogan ha dado un brusco giro a la política exterior turca: Ataturk se enfocó a Europa y Occidente, Erdogan ha preferido dirigirse al resto de territorios musulmanes.

En ese proceso de islamización de Turquía, Erdogan ha tocado los siguientes puntos claves: limitar el poder del Ejército, potenciar las escuelas islámicas y la construcción de mezquitas, restringir la venta de bebidas alcohólicas (cuyo consumo está vetado en el Islam) y lograr la normalización del velo islámico -antes PROHIBIDO en la Turquía laica- en las cámaras del Gobierno.

El militar Ataturk modernizó una Turquía casi enclavada en la Edad Media, para ello limitó las manifestaciones públicas de las religiones (abogando por un país laico).

Erdogan desde su llegada al poder aumentó un 20% el presupuesto destinado a «Asuntos religiosos», un Directorado cuyas funciones, en el momento de su fundación hacia 1924, eran las de atender a los asuntos referidos a la religión islámica, resolver dudas sobre cuestiones religiosas y gestionar los lugares de culto. Desde la llegada de Erdogan al poder en 2002, el número de mezquitas se ha disparado, hasta superar las 82.000, una décima parte de las cuales se han construido en la última década. Paralelamente, ha crecido en Turquía el número de clérigos, de religión suní, para atender esas mezquitas y a la cada vez más practicante ciudadanía turca. 

Mientras la financiación a dicha religión en el país no para de aumentar, 17.221.000 de turcos viven en riesgo de pobreza.

En una medida altamente polémica, el Gobierno de Erdogan permitió a las funcionarias turcas llevar el velo islámico en las instituciones públicas, algo que hasta entonces tenían vetado, dada la laicidad ya inexistente impuesta por Ataturk.

Las medidas de Erdogan para recuperar el islamismo en Turquía pasan también por encima de elementos como el alcohol, prohibido en el Corán. Aunque no ha vetado su consumo, las licencias para poder comerciar con él son cada vez más complejas de conseguir, gracias a la Ley del Alcohol. Entre otras restricciones, se ha establecido que ningún establecimiento puede vender alcohol si se encuentra en un radio de 100 metros de una mezquita, lo que, debido al incremento en el número de éstas, limita en gran manera el comercio de bebidas alcohólicas.

Actualmente todas las escuelas públicas desde las elementales hasta las de educación superior tienen clases obligatorias de religión que solo se enfocan en el sector sunita del Islam. En estas clases, es obligatorio que los niños aprendan la oraciones y otras prácticas religiosas que pertenecen específicamente al Sunismo.


Dichas medidas han surgido efecto en el país que antaño fue diverso, ya que un 96,1% de la población profesa la religión islámica a diferencia del cristianismo (0,6%), ateísmo (0,9%) y agnosticismo (2,3%). De esa cifra de población islámica, un 16% se declaró "extremadamente religiosa".