El héroe de Cartagena de Indias


Tal día como hoy moría a causa de unas heridas de guerra Blas de Lezo, el almirante español defensor de Cartagena de Indias (Virreinato de Nueva Granada, hoy Colombia) durante el asedio británico de 1741.



En dicho asedio el para la defensa solo disponía de 3.000 hombres, mientras que los ingleses tenían 30.000 hombres.

Sin embargo, para desgracia de los ingleses que de lo creídos que se lo tenían ya habían hasta realizado monedas "conmemorativas de la victoria", Blas de Lezo gracias a su genio en la estrategia se impuso alzándose con la victoria.



Solo 200 españoles murieron, mientras que más de 18 000 piratas ingleses murieron en su intento de asedio y expolio a Cartagena de Indias. El almirante inglés del asedio Edward Vernon y la resta de piratas que quedaban tuvieron que retirarse humillados a su isla natal.



Blas de Lezo es un reconocido héroe en Cartagena de Indias, que le rinden homenaje de varias maneras: barrios, avenidas y plazas le conmemoran en sus nombres; y su estatua frente al castillo San Felipe de Barajas mantiene vivo entre los cartageneros el recuerdo del defensor de su ciudad. El 5 de noviembre de 2009, en Cartagena de Indias, se dio cumplimiento a un deseo de Blas de Lezo, que en su testamento pedía que un grupo de españoles pusiese una placa que conmemorase aquella victoria. En la inscripción se puede leer: "Aquí España derrotó a Inglaterra y sus colonias".


Gracias a Lezo hoy en Hispanoamérica no se habla inglés, gracias a él se evitaron los genocidios que los ingleses con ellos hubieran portado de llegar a tierra hispana.

Es un ejemplo de patriotismo directo, el no luchó por el Rey, luchó por España y el pueblo español. Esto se ve en sus escritos, en los que si hace referencia al amor por su patria pero en ningún de apego a la monarquía, es más, eran conocidas sus continuas desavenencias con el virrey de Nueva Granada.

El virrey le traicionó, pese a su victoria y estar moribundo ordenó su "destitución como jefe del apostadero y la orden de que regresase a la península ibérica para ser reprendido".

Sabiendo distinguir las diferencias entre España y la casta que la gobierna, sus últimas palabras contuvieron amor solo a la primera.

Sus últimas palabras fueron: "Me muero, Josefa...No ha venido nadie ¿No es cierto? Entiérrame con mi crucifijo de plata, que él me hará compañía...Ah, y con mis patas de palo... Dile a mis hijos que morí como un buen vasco, armado y defendiendo la integridad de España y del Imperio...Gracias por todo lo que me has dado, mujer... Ah pero te ruego que no me traigas plañideras a que giman y den alaridos sobre mi cadáver... no lo podría soportar" -Y luego murmuro casi imperceptiblemente-:¡Fuego!, ¡Fuego!