Gamal Abdel Nasser: El revolucionario que liberó a su país del yugo occidental, nacionalizó las empresas y defendió los derechos de las mujeres


Tal día como hoy de 1970 un infarto se llevaba la vida del carismático presidente de Egipto Gamal Abdel Nasser.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Egipto era un inmenso desierto con sólo un 5% de superficie cultivable. La mayor parte de las escasas tierras fértiles estaban en manos de unas cuantas familias de pachás enriquecidos a costa de los miserables campesinos sin tierra que formaban la inmensa mayoría de la población. En la cumbre de esa pirámide social se hallaba encaramado el rey Faruk, el hombre más rico del país y más ambicioso aún que los mismos terratenientes. Esta fue la deplorable situación que Nasser combatió con todos los medios a su alcance, hasta llegar a ser el líder más prestigioso de los países árabes y uno de los más destacados del llamado Tercer Mundo.


Con su ejemplo, los pueblos más pobres de la Tierra aprendieron a combatir el colonialismo, a dejar oír su voz en los foros internacionales y a adentrarse, bien que con paso titubeante, en la senda del desarrollo.

El líder de la revolución nacional egipcia de 1952 que abolió la monarquía títere corrupta y puso fin a la ocupación británica, nació en un pequeño pueblo del Alto Egipto llamado Beni-Mor, donde su padre era un humilde empleado de correos.

De pequeño vivió en Alejandría y concluyó sus estudios secundarios en El Cairo, donde vivió con su tío que influyó con sus ideas nacionalistas. Tras un intento fracasado de seguir la carrera de Derecho en El Cairo, Nasser ingresó en la Academia Militar de Abassieh en 1937. Destinado a Mankabad, sus inquietudes nacionalistas fueron consolidándose y, poco antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, reunió a su alrededor a una serie de oficiales que compartían sus puntos de vista. Fue el embrión de lo que más tarde sería el movimiento de los Oficiales Libres.

En octubre de 1954 Nasser resultó ileso de un atentado perpetrado por los Hermanos Musulmanes, para quienes era ahora el representante de una ideología, el socialismo nacional, que iba a acabar con su influencia en la sociedad egipcia. Nasser aprovechó la ocasión para destruir la fuerza de esta organización terrorista. El pueblo alzó a Nasser con el poder tras el atentado. Después del intento de asesinato, Nasser dijo: «¡Podéis matar a Gamal! ¡El pueblo egipcio cuenta con cientos de Gamales que se alzarán y os mostrarán que más vale una revolución roja que una revolución muerta!» Su mandato tomaría carácter legal el 23 de junio de 1956, cuando fue elegido presidente de la República.

Ya como presidente, impulsó la intervención estatal en la economía, nacionalizando empresas de capitales británicos y franceses, y dictando leyes sociales en favor del laicismo y la emancipación de la mujer.

Si bien Nasser era un sincero musulmán, no titubeó en perseguir a los clérigos islámicos que cuestionaban la «revolución del socialismo árabe»; esto le llevó a una pugna con los sectores más radicales del Islam como los Hermanos Musulmanes, a los cuales Nasser percibió como «saboteadores retrógrados» que «buscaban retornar al viejo orden», y que fueron perseguidos desde 1953. También se mostró claramente en contra del velo islámico por considerarlo reaccionario y una violación a los derechos de las mujeres.



Fue un defensor del panarabismo con lo que logró en 1958 la unión política de Siria y Egipto creando así la 'República Árabe Unida'.



Mantuvo la independencia de su nación respecto a los dos bloques de la Guerra Fría forjando el 'Movimiento de Países No Alineados'. Murió repentinamente de un ataque cardíaco el 28 de septiembre de 1970. Le sucedió Anwar Sadat, quien traicionó su legado emprendiendo un cambio de rumbo abrupto en la política exterior del país vendiendo la soberanía nacional egipcia a EEUU.


Por sus actos, sus discursos y su capacidad para representar la voluntad de los árabes, Nasser inspiró varias revoluciones nacionalistas en el mundo árabe y marcó la política de su generación. Ningún mandatario árabe posterior ha alcanzado su relevancia política ni ha desempeñado como hizo Nasser el papel de caudillo regional.