Así es como las multinacionales europeas roban el alimento a los saharauis… para alimentar al ganado


El pescado está desapareciendo de las aguas del Sahara Occidental. En los últimos años, los habitantes de la costa saharaui, principalmente Dajla, han visto cómo ante sus ojos surgían una docena de fábricas, en su mayoría españolas, que convertían los peces en polvo. En concreto, en harina de pescado y es exportada principalmente a Alemania y España. 

En Dajla, antigua Villa Cisneros y capital económica del Sahara Occidental, los empresarios locales son todos marroquíes que se dedican a vender el pescado a empresarios europeos que acuden a la región para faenar ilegalmente en caladeros saharauis y sacar grandes cantidades de peces con los que alimentar los hornos de las fábricas de harina.

Lo que sale de esos hornos se exporta posteriormente a Occidente como pienso para granjas de cerdos y pollos. De una tonelada de pescado salen unos 200 kilos de harina llena de omega 3 que acaba en los estómagos de las gallinas en vez de terminar en los de la población local de la zona que lleva 43 años bajo la bota militar marroquí.

Con el crecimiento de la demanda de carne barata, la necesidad de harina de pescado se ha disparado. Pero lo que estas fábricas de polvo no tienen en cuenta es que la población a la que le arrebatan su bien más preciado también necesita comer y trabajar. Los barcos arrastreros europeos captan millones de toneladas de pescado sólo para la harina. 

Aún así, un número cada vez mayor de barcos se dedican a la pesca en las costas saharauis y la construcción de fábricas de harina de pescado en Dajla es ya imparable. En dichas fábricas los empresarios marroquíes no permiten que trabajen saharauis y si lo hacen, es en condición de semiesclavitud para esos trabajadores autóctonos.

Los dos elementos (explotación europea y fábricas marroquíes) han acabado en una imparable caída del número de peces en el mar.

Pero la cosa no solo se queda en el Sahara Occidental. En Mauritania y Senegal también se está comenzando a pescar para convertir los peces en harina y ya hay 28 fábricas en Mauritania. Y si el negocio de la harina sigue la misma progresión de crecimiento, una de las zonas con la población más reprimida y olvidada del mundo se quedará, una vez más, sin sus propios recursos en pos de las industrias cárnicas del primer mundo.