Desmontando la leyenda negra: España no cometió ningún genocidio en América, puso fin a uno

La Leyenda Negra fue y sigue siendo una campaña orquestada por auténticos imperios genocidas como el francés, holandés o el británico contra España y su historia.

Así que aquí ahora se va a hacer un análisis objetivo alejado de las garras voraces de la leyenda negra y el neocolonialismo que esta trae consigo.

Ciertamente, la conquista y evangelización de América tuvo sus luces y sus sombras, pero la realidad histórica dista mucho de la famosa leyenda negra. Los hechos históricos dejan claro que no se puede hablar, ni remotamente, de un genocidio español en América.


América fue conquistada gracias a la ayuda indígena a los españoles

Lo primero es quitarnos de la cabeza la imagen de unos españoles que con brutalidad sometieron a un continente. Ya que dicha afirmación es falsa. América fue liberada de imperios asesinos como el Azteca -cuyos crímenes más adelante será explicados- gracias a la cooperación de las tribus indígenas con los españoles.

Por ejemplo, la conquista de Méjico se realizó por 900 españoles y 50.000 indígenas que se unieron a España para librarse de la brutalidad azteca y cuyos saqueos e impuestos asfixiaban a sus tribus.

De tal modo que la Conquista y/o Liberación de América se realizó también gracias a la ayuda indígena.


Las leyes españolas protegiendo a los indígenas

La primera afirmación  absurda que los títeres de los anglosajones sostienen hoy es que España se propuso aniquilar a los indios, una afirmación absurda. Recordemos que en 1512, ante las primeras noticias de maltratos a los indios, el Rey Fernando II firmó las Leyes de Burgos que consideraban "hombres libres" a los indios y la obligación de pagarles un salario justo por su trabajo. En 1542 el Emperador Carlos V dictó las Leyes Nuevas, que prohibían expresamente someter a los indios a esclavitud y a trabajos forzosos. A esto hay que añadir que entre la población española y los indios hubo un gran mestizaje, incluso entre los nobles. Por el contrario, en la Norteamérica británica el mestizaje entre colonos e indios fue inexistente, y a los indígenas se les arrebataron sus tierras y se les confinó en reservas, eso sí directamente no decidían exterminar a su tribu, cosa que no ocurrió en la América española.

El cuerpo de normas que regló la vida en los virreinatos de América supuso el origen de lo que hoy conocemos como Derechos Humanos. «Y no consientan ni den lugar que los indios reciban agravio alguno en sus personas y sus bienes, mas manden que sean bien y justamente tratados, y si algún agravio han recibido, lo remedien». Esta fue la última voluntad que Isabel la Católica dirigió a todos los españoles en su testamento.


España fundó en América 23 universidades abiertas a TODAS las razas

La labor educativa de España en el Nuevo Mundo fue la mayor nunca vista. En 1533 los españoles fundaron el Colegio de la Santa Cruz en Tlatelolco, en Nueva España (actual México), que fue la primera institución de educación superior de toda América, y en 1538 se fundó la primera universidad de América, en Santo Domingo. Tengamos en cuenta que hay países europeos que tardaron más tiempo en tener universidades. Y eso fue solo el comienzo. España fundó 23 universidades en América, abiertas a personas de TODAS las razas. Por el contrario, en la Norteamérica británica no hubo ningún centro de enseñanza superior hasta el Harvard College en 1636 (para entonces la América hispana ya contaba con 13 universidades), convertido en universidad en 1780 y en el que no pudieron cursar estudios alumnos no blancos hasta bien entrado el siglo XIX. Portugal fundó la primera universidad de Brasil en 1808.


Dos lenguas indígenas que alcanzaron su máxima expansión bajo el Imperio español

Otro aspecto a destacar es el lingüístico. Aunque la Corona recomendó educar a los indios en español para facilitar el entendimiento con ellos, dada la multitud de lenguas amerindias que había, la labor misionera y educativa de España en América se tradujo en la conservación de lenguas precolombinas. En 1580 el Rey Felipe II ordenó la creación de cátedras para lenguas indígenas en las universidades de Lima y México y en las ciudades con Real Audiencia. Dos lenguas surgidas en el siglo V D.C., el náhuatl, idioma del Imperio azteca, y el quechua, idioma del Imperio inca, alcanzaron de hecho su mayor expansión durante el Imperio español, gracias a los misioneros. Hay que tener en cuenta, además, que en las universidades de la América española se impartían el latín muchas de las asignaturas, además de enseñarse otras lenguas. Obviamente, el español acabó siendo el idioma más hablado por ser la lengua vehicular del Imperio y porque las lenguas precolombinas acabaron transcribiéndose con el alfabeto español. Hoy Hispanoamérica tiene una lengua común en la que se entienden entre sí más de 400 millones de personas, pero a la vez se han conservado lenguas precolombinas. Hay que tener en cuenta que le primera imprenta de la América española se instaló en México en 1535. Ya desde el siglo XVI se imprimieron diversas obras en lenguas indígenas (náhuatl, quechua, aymara, puquina…), que figuran entre los textos más antiguos en esas lenguas.


Las epidemias y el desastre demográfico de Hispanoamérica

Los datos expuestos echan por tierra la tesis de que España se propuso la aniquilación de los indios precolombinos. Por supuesto, sí que hubo muertes. Los españoles combatieron contra algunos pueblos indígenas, como el Imperio azteca, contando como aliados con otros indígenas, como los totonacas y los tlaxcaltecas, enemigos de los aztecas y que siempre mantuvieron una buena relación con los conquistadores. Gracias a esas alianzas con pueblos indígenas los españoles, muy inferiores en número (en 1700 no eran más de 250.000 en toda la América española), lograron dominar un territorio enorme en mucho menos tiempo del que le llevó a los británicos controlar Norteamérica en 200 años con mucha más gente. No obstante, las plagas provocaron un desastre demográfico en la América española, causando el 95% de las muertes de ese periodo. No fue, de ninguna forma, un hecho provocado por los conquistadores, que a menudo se vieron sorprendidos por la enorme mortandad de los indígenas a causa de las enfermedades traídas por los españoles. Esa mortandad se debió a que el sistema inmune de los indígenas estaba más indefenso frente a ciertas enfermedades (viruela, gripe, sarampión, la peste bubónica, la difteria, el tifus o la escarlatina) que ya habían asolado Europa siglos atrás, haciendo relativamente inmune a su población. El aislamiento geográfico de los indios provocó que se viesen diezmados por enfermedades sin efectos letales para los europeos.

Torre de calaveras en Tenochtitlán, con los restos de hombres, mujeres y niños víctimas de los sacrificios humanos en el Imperio azteca

Hasta 100.000 sacrificios humanos al año en el Imperio azteca

En una carta fechada en 1524, Fray Juan de Zumarraga, primer Obispo de México, señalaba que en Tenochtitlán sacrificaban a sus ídolos a más de 20.000 personas cada año y a más de 72.000 en todo el Imperio azteca, entre ellos 20.000 niños. El historiador mexicano Mariano Cuevas (1879-1949) cifró esos sacrificios en 20.000 anuales en Tenochtitlán, y señaló que “nos quedamos cortos” si ciframos en 100.000 sacrificios anuales los perpetrados en todo el Anáhuac, nombre dado por los aztecas al territorio que ocupada su imperio. Así mismo, en el primer volumen de su “Historia de la iglesia en Mexico”, Cuevas señalaba: “En las vigas y gradas de Mixcoatl, edificio del templo mayor de México, contaron Andrés de Tapia y Gonzalo de Umbría 136.000 calaveras de indios sacrificados.” En la misma obra señala que “los méxicas y vecinos aliados vivían en continuas guerras con otros pueblos guerreros, guerras que tenían por exclusivo objeto el cautivar el mayor número posible de sus contrarios para después sacrificarlos.”


Monstruosas prácticas y rituales que hacían los imperios precolombinos

El historiador mexicano Mariano Cuevas señaló que los aztecas mezclaban los sacrificios humanos de cautivos y esclavos con las prácticas de canibalismo con los cadáveres de los asesinados, después de extraerles el corazón y decapitarles. Era una auténtica orgía de sangre. El historiador mexicano relata la narración de un sacrificio hecho en 1487 -décadas antes de la conquista de México por los españoles- en un manuscrito azteca, que relata una ceremonia pagana en la que durante cuatro días, “desde la mañana hasta la puesta del sol”, fueron sacrificados “ochenta mil y cuatro cientos hombres de diversas provincias y ciudades”. Cuevas explica que los aztecas no eran los únicos que cometían estas horrendas prácticas. Entre los pueblos amerindios que también hacían sacrificios humanos cita a los tarascos, los mayas, los zapotecas y los matlacingas. Hoy sabemos, por los estudios arqueológicos, que también cometían estas monstruosidades los incas, los olmecas, los teotihuacanos, los toltecas, los totonacas, los mochicas y los muiscas.

En 1521 los españoles pusieron fin a esas prácticas genocidas, asociadas a las religiones paganas precolombinas.