La traición del nacionalismo vasco a la República Española: Cuando el PNV entregó Santander a Franco


En cuanto estalló la guerra, el PNV dio ejemplo de eso que se llamó ‘lealtad geográfica’. Las organizaciones del PNV en Álava y Navarra se declararon a favor del general Emilio Mola, mientras que las de Guipúzcoa y Vizcaya se pronunciaron a favor de la legalidad.

Durante el verano y el otoño de 1936, el PNV estuvo negociando con los dos bandos y se fue al final con el Frente Popular, porque éste le ofreció aprobar el estatuto de autonomía. Así que en octubre, se eligió ‘lendakari’ a José Antonio Aguirre y el PNV pudo mantener los privilegios feudales.

Sin embargo, los trompazos le cayeron pronto. Las tropas sublevadas redujeron el reino del PNV a Vizcaya. En diciembre de 1936, Mola ya recibió los primeros ofrecimientos de conversaciones del PNV.

El PNV, dirigido por Juan de Ajuriaguerra, negociaba con los fascistas italianos, sobre todo el cónsul en San Sebastián, Francesco Cavalletti, y con el Vaticano, para lo que usaba, entre otros, a un sacerdote: Alberto Onaindía.

El 31 de marzo de 1937, Mola reanudó la ofensiva sobre Vizcaya, que comenzó con un feroz bombardeo sobre Durango, realizado por la aviación italiana. Unas semanas después, se produjo el de Guernica, en el que participaron también los italianos.

Sin embargo, el PNV no rompió sus contactos con los italianos. A través de éstos, el propio Franco les transmitió a los ‘abertzales’ unas condiciones si colaboraban en la toma de Bilbao. Mientras, Aguirre había afirmado por la radio: “Aquí está el pueblo vasco en pie, firme y decidido a triunfar”.

Con tanta gente metida en las negociaciones, el Gobierno de Largo Caballero, en Valencia, también se enteró. El PNV trataba de engañar a todos y nadie se fiaba de él.

El 19 de junio, las tropas navarras de Franco entraron en Bilbao. El PNV ya había entregado intacta la gran industria de Bilbao y su comarca a los sublevados, a pesar de las órdenes del Gobierno del Frente Popular de inutilizarla para que no produjese municiones ni armas para el ejército de Franco. También impidió que los anarquistas destruyesen fábricas y edificios.

La noche del 21 al 22 de agosto tres batallones del PNV (Munguía, Padura y Sabino Arana), en el valle del Saja, abandonaron sus posiciones y a sus camaradas republicanos, y huyeron hacia Santoña.

Por la tarde del 22, el mando militar ‘abertzale’ dio orden a sus tropas de incumplir las órdenes del general republicano Mariano Gamir Ulibarri de trasladarse a Asturias. Y la mañana del 23 los gudaris se apoderaron de Santoña, mediante una argucia: hicieron sonar las sirenas de ataque aéreo. También ocuparon Laredo.

Con las líneas rotas en el sur y el oriente de la provincia, el 26 los sublevados entraron en Santander sin disparar un tiro. El mismo día, Ajuriaguerra fue a Bilbao, en la retaguardia enemiga, en un coche con insignias fascistas, para reunirse con el general Mario Roatta, jefe de las tropas italianas.