Duterte exige cambiar el nombre de Filipinas porque "discrimina" a la comunidad musulmana (3,9% de los habitantes)


En lo que supone el enésimo caso de tergiversación histórica el presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, señaló que pretende cambiar al nombre del país que lidera para olvidar la «brutalidad» que "sufrió" a manos de Felipe II.

Se olvida de dos cosas: que los verdaderos genocidios perpetrados en el país fueron estadoundisenses y que el único colonialismo que queda en el archipiélago también es anglosajón, ya que dependen de la ayuda militar de EEUU.

De toda esta serie de tropelías, Duterte solo se ha quedado con la mentira extendida a golpe de Leyenda Negra antiespañola. De nada ha valido que las órdenes religiosas protegieran a los nativos (algo que sucedía en el resto de territorios descubiertos y colonizados). Tampoco que los dominicos fundaran en Manila la primera universidad cristiana en Asia en el año 1611. Por el contrario, las barbaridades de los estadounidenses parecen seguir ocultas. Y eso, a pesar de que la guerra entre americanos y filipinos de 1898 se cobró la vida de más de un millón de nativos.

A pesar de que Duterte afirma que no ha elegido un nombre, la realidad es que, hace un par de semanas, sugirió rebautizar la región como Maharlika, que hace referencia a su pasado prehispánico de Filipinas. «Ha pasado ya mucho tiempo. Hay muchos otros nombres. En Mindanao o Luzón no queda Islam, fuimos convertidos brutalmente. Mataron (los españoles) a todo aquel que no quería ser cristiano», señaló el mandatario. El fallecido dictador filipino Ferdinand Marcos, del que Duterte es admirador declarado, también intentó durante su extenso mandato modificar la denominación actual del país por Maharlika.

Según el presidente Duterte, el nombre de Filipinas, ligado a la herencia hispánica y cristina, "discrimina" a la comunidad musulmana filipina, que se concentra principalmente en la isla sureña de Mindanao. De discriminación el presidente sabe, como por ejemplo cuando animó a matar obispos católicos porque los consideraba "inútiles".

El cambio de nombre no se debe a un clamo popular, pues el 80% de los filipinos son católicos. Solamente un 3,9% de los habitantes son musulmanes.

Conviene saber que, salvo algún caso excepcional, España no conquistó Filipinas ni los demás territorios del Pacífico. Los diferentes clanes, reinos o sultanatos se incorporaron libremente a España, en tiempos de Felipe II, con la promesa de que no iban a recibir un trato discriminatorio en relación con las distintas provincias del imperio hispánico, incluidos los peninsulares. Los españoles cumplieron su promesa y no hubo dominación sino poder monárquico. Las únicas excepciones fueron la región de Cordillera, en el norte del archipiélago, los "moros" de Mindanao y la población islámica del sur. Estos y alguna minoría más, siempre se resistieron a la colonización. Renegar de la herencia hispánica, sería renegar de Filipinas, pues la unidad política del archipiélago la legaron los españoles. Durante el dominio español, se unificó políticamente el archipiélago que anteriormente estaba compuesto por un cierto número de estados y ciudades-estado independientes.