Aspectos positivos y negativos de la eutanasia, datos frente a la demagogia


La noche del 5 de abril se produjo la primera detención en la historia de España por «ayudar» a alguien incapacitado a morir.

María José Carrasco le había pedido muchas veces a su marido que la ayudara a acabar con el sufrimiento provocado por 30 años de esclerosis múltiple. Estaba en fase terminal, encerrada en un cuerpo que ya no podía moverse, que tenía dificultades para ver, para hablar. Así que él le prestó sus manos y le dio de beber pentobarbital sódico.

Este suceso abre de nuevo el debate sobre despenalizar la eutanasia. Se considera eutanasia​ la «intervención voluntaria que acelera la muerte de un paciente terminal con la intención de evitar sufrimiento y dolor del individuo». Dicha práctica no tiene un origen reciente, ya se practicaba en el Imperio Romano, y en Grecia fue respaldada por Sócrates y Platón.

Según la encuesta de Metroscopia, el 84% de los españoles apoya el «derecho» a una «muerte digna». Esto significa que es un reclamo bastante popular. Pero no hay que olvidar que políticamente muestra inconvenientes, solucionables.

El Partido Comunista portugués votó en contra de despenalizarla porque aseguraba que «la eutanasia como política pública empuja a la muerte de los más débiles, los inútiles. Sentirse un sobrante, una carga para la familia, incita socialmente a morir cuando hay una ley que dicta que esto es bueno».

Lo cierto es que cada caso es un mundo, y un contexto distinto. En caso de que se legalizará la eutanasia, lo que deberíamos procurar es que, con el paso de los años, los estados no la hagan extensible a cualquier persona tratable por la medicina que decida acabar con su vida. Un estado interesado en reducir gasto social y el aumento de la esperanza de vida, puede llegar a ser una bomba de relojería.

Con Gobiernos especuladores, un discurso aparentemente justo, se podría transformar en un maquiavélico medio para reducir gastos al estado.