2 de Mayo: El día que España se negó a morir


En mayo de 1808, Madrid se hallaba tomada por unos 50.000 soldados franceses, 10.000 en la capital, 10.000 en la periferia y 30.000 esperando órdenes para actuar. El Ejército Francés estaba tomando discretamente el control de España, con el consentimiento de los Borbones y las élites.

El 2 de mayo de 1808, a primera hora de la mañana, grupos de madrileños comenzaron a concentrarse ante el Palacio Real. La muchedumbre conocía la intención de los soldados franceses de sacar de palacio a Francisco de Paula para llevárselo a Francia, por lo que, al grito proferido por José Blas Molina «¡Que nos lo llevan!», parte del gentío asaltó las puertas de palacio. Paula se asomó a un balcón provocando que aumentara el bullicio en la plaza. Un grupo atacó a una patrulla francesa, que solo pudo zafarse de la acometida por la intervención de un batallón y dos piezas de artillería, que dispararon contra la multitud.

El choque desencadenó una violenta reacción popular en toda la ciudad, precipitó que la lucha se extendiese por todo Madrid. Al deseo del pueblo de impedir la salida de Francisco, se unió el de vengar a los muertos y el de deshacerse del invasor que amenazaba la patria. El pueblo humilde y patriota empezó así un gran levantamiento popular espontáneo pero largamente larvado desde la entrada de las tropas francesas, improvisando soluciones a las necesidades de la lucha callejera. Se constituyeron partidas de barrio comandadas por caudillos espontáneos; se buscó el aprovisionamiento de armas, ya que en un principio las únicas de que dispusieron fueron navajas; y se comprendió la necesidad de impedir la entrada en la ciudad de nuevas tropas francesas.

Mientras se desarrollaba la lucha, los militares españoles, siguiendo órdenes del capitán general Francisco Javier Negrete, permanecieron acuartelados y pasivos. Sólo los artilleros del Parque de Monteleón desobedecieron las órdenes y se unieron a la insurrección patriota. El héroe de mayor graduación de aquella jornada fue el capitán Pedro Velarde, que asumió el mando de los insurrectos. Se encerraron en Monteleón junto a sus hombres y decenas de ciudadanos que allí fueron en busca de combate contra los franceses, repeliendo oleadas de las tropas de Murat mandadas por el general Lefranc. Velarde, consciente de su destino como mártir, expresó estas palabras en la insurrección: “Es preciso batirnos; es preciso morir; vamos a batirnos contra los franceses”.

Optó por proveer de armas al pueblo y aprestarse a la defensa del parque. Velarde organizó la defensa con paisanos y los soldados de infantería y artillería, distribuidos en secciones al mando de oficiales. Otros jóvenes militares patriotas tampoco acataron la orden superior de no intervenir y lucharon junto a Velarde, como el teniente Jacinto Ruiz y los alféreces de fragata Juan Van Halen y José Hezeta.


La lucha en el parque duró unas tres horas. Pero combatían frente a fuerzas diez veces superiores y las municiones empezaron a escasear. Velarde, junto al pueblo y los soldados insurrectos, acabó cayendo heroicamente defendiendo la plaza hasta el final.


El Dos de mayo fue la rebelión de la Nación española contra los franceses, comenzada por las clases populares de Madrid contra el ocupante tolerado por gran cantidad de miembros de la Administración.


La sangre derramada aquel día no hizo sino inflamar los ánimos de los españoles, que se organizarían en milicias para dar la señal de comienzo de la lucha en toda España contra las tropas invasoras.