Conde-duque de Olivares: el estadista que fracasó


Un 22 de julio de 1645 falleció el Conde-duque de Olivares, a los 58 años. Fue valido de Felipe IV durante más de 15 años, en los que llevó a cabo una campaña contra la venalidad y corrupción del anterior reinado. Sus proyectos más ambiciosos respecto a la Hacienda consistieron en la supresión del impuesto de los millones, la creación de unos erarios estatales para la financiación de las obras públicas y el fin de las acuñaciones masivas del reinado anterior, a fin de contener la inflación.

Olivares se preocupó de lo que le pareció el problema fundamental del Imperio Español: la insolidaridad entre provincias. Por eso sugirió una solución diametralmente opuesta a las que habían ensayado anteriores soberanos, introduciendo la uniformidad legal en los diversos reinos.

Para ello, propuso un plan de reformas encaminadas a reforzar el poder estatal del Imperio y la unidad de los territorios que dominaba, con vistas a un mejor aprovechamiento de los recursos al servicio de la política exterior. En su opinión, la eficacia de la maquinaria bélica de España, sostén de su hegemonía en Europa, dependía de la capacidad para movilizar los recursos de sus reinos, lo cual requería una administración más ejecutiva y centralizada.

Esto es lo que se llamó la Unión de Armas, proyecto para incrementar el compromiso de todos los reinos de España para compartir con la Corona de Castilla las cargas humanas y financieras del esfuerzo bélico. De esta forma, se preveía la creación de una reserva común de 140.000 hombres, aportados proporcionalmente a su población por todos los reinos de la monarquía.

La idea de la Unión de Armas era que el rey acudiera a la defensa de la provincia que fuera atacada con la séptima parte del ejército de reserva —que sería la fracción que debían aportar el resto de las "provincias" para la defensa de la que estaba siendo agredida—. Castilla y la América española continuarían siendo los mayores aportadores de soldados.


El reparto propuesto por Olivares era el siguiente:

-Corona de Castilla y la América española, 44.000 soldados.
-Reino de Portugal, 16.000 soldados.
-Principado de Cataluña, 16.000 soldados.
-Reino de Nápoles, 16.000 soldados.
-Flandes, 12.000 soldados.
-Reino de Aragón, 10.000 soldados.
-Ducado de Milán, 8.000 soldados.
-Reino de Valencia, 6.000 soldados.
-Reino de Sicilia, 6.000 soldados.
-Islas del Mediterráneo (Reino de Mallorca y Cerdeña) y del Atlántico, 6.000 soldados.

La tesis de Olivares no era ninguna locura, posteriormente es lo que harían todos los estados europeos. Pero seguramente aquello era demasiado visionario para que reyes y burgueses lo entendieran.

Ante la negativa de las Cortes de las provincias, Olivares mostró flexibilidad y cedió en la cantidad de ducados y soldados. Entró en Barcelona aclamado por el pueblo y juró las Constituciones Catalanas: "No sólo no quiero quitaros vuestros fueros, favores e inmunidades [...] os propongo el resucitar la gloria de Cataluña y el nombre que tantos años ha está en olvido y que tanto fue el terror y la opinión común de Europa".

Sin embargo, estas palabras no ablandaron la oposición de los tres braços a la Unión de Armas, ni siquiera cuando Olivares propuso cambiar los soldados por un "servicio" de 250.000 ducados anuales durante quince años, o por un "servicio" único de más de tres millones de ducados.

Harto, Olivares se largó sin clausurar las Cortes, asegurando que «si las Constituciones embarazan, que lleve el diablo las Constituciones». Ignorando el hecho de que ninguna de las provincias [Aragón, Cataluña y Valencia] había aprobado su propuesta, proclamó el 25 de julio de 1626 el nacimiento oficial de la Unión de Armas.

El conde-duque de Olivares protagonizó en el periodo 1627-1635 un último intento de imponer sus reformas por la vía autoritaria, ante la negativa de la burguesía aragonesa y portuguesa. Esto terminaría con la sublevación de Portugal y Cataluña.

La Unión de Armas en Cataluña no llegó hasta la ocupación francesa de Salses, en el Rosellón, cuando ante la indiferencia de las Cortes de Barcelona por asegurar la integridad territorial catalana, Olivares inició los reclutamientos.

España se encontraba en situación de anarquía y Olivares perdió todo su crédito político, siendo desterrado el 23 de enero de 1643, en lo que influyó la nobleza, que transmitió al monarca la mentira de que Olivares se hacía pagar con favores de mujeres los cargos y prebendas públicas que otorgaba.

Los detractores del antiguo valido siguieron formulando acusaciones contra él, hasta que consiguieron que fuera procesado por la Inquisición en 1644.

Murió en 1645. Cuando vio que Francia quería anexionarse Cataluña, Olivares escribió desesperado al virrey de Santa Coloma, señalando la importancia catalana en el proyecto hispánico: "Cataluña es una provincia que no hay rey en el mundo que tenga otra igual a ella... Si la acometen los enemigos, la ha de defender su rey sin obrar ellos de su parte lo que deben ni exponer su gente a los peligros. Ha de traer todo el ejército de fuera, le ha de sustentar, ha de cobrar las plazas que se perdieren, y este ejército, ni echado el enemigo ni antes de echarle el tiempo que no se puede campear, no le ha de alojar la provincia... Que se ha de mirar si la constitución dijo esto o aquello, y el usaje, cuando se trata de la suprema ley, que es la propia conservación de la provincia".

La carta se puede resumir fácilmente: La hispanidad de Cataluña estaba por encima de constituciones y todo. Si la Unión de Armas hubiese triunfado, Olivares seguramente hubiera pasado a la historia como uno de los mejores estadistas de España.