80 años del Pacto Ribbentrop-Mólotov: La prueba de que la geopolítica no entiende de ideologías


Se cumplen 80 años de la firma del Tratado de no Agresión entre el Tercer Reich y la URSS. El tratado contenía cláusulas de no agresión mutua, así como un compromiso para solucionar pacíficamente las controversias entre ambas naciones mediante consultas mutuas.


A ello se agregaba la intención de estrechar vínculos económicos y comerciales otorgándose tratos preferenciales, así como de ayuda mutua: El principal elemento era que ninguno de los países celebrantes entraría en alguna alianza política o militar contraria al otro, lo cual implicaba en la práctica que la Unión Soviética rechazaría integrarse a cualquier bloque formado contra el Tercer Reich.


El tratado contenía también el Protocolo adicional secreto (solo para conocimiento de los jerarcas de ambos gobiernos y no reveladas al público) donde el Tercer Reich y la Unión Soviética definían el reparto de Polonia y la Europa del Este.


Surgió tras el fracaso para establecer una alianza anglo-franco-soviética contra Hitler y fue la prueba de que la geopolítica no equivale a ideología. Otro de los motivos también fueron los Acuerdos de Múnich, donde Gran Bretaña y Francia entregaron Checoslovaquía a Hitler y "mostraron más voluntad de colaboración con Alemania que con la Unión Soviética". En la propaganda soviética se consideró los Acuerdos de Múnich como un complot de los occidentales con el objetivo de aislar a la URSS.

Stalin había dejado de confiar en los británicos y franceses para mantener la seguridad colectiva desde que estos rechazaron prestar ayuda a la Segunda República Española contra el Bando sublevado durante la Guerra Civil Española. De igual modo, sospechaba que los Aliados Occidentales preferiría que la Unión Soviética se enfrentara a Alemania por sí misma, mientras ellos observaban la situación.


Los partidos comunistas de Europa, que se hallaban bajo influencia de la Komintern, procedieron a justificar el Pacto y cesaron la propaganda contra el fascismo para atacar a Francia y Gran Bretaña. Así, los militantes del Partido Comunista Francés rehusaron prestar servicio militar cuando Francia declaró la guerra al Tercer Reich en septiembre de 1939, acusando al gobierno francés de lanzar una "guerra imperialista"; similar conducta observaron partidos comunistas del Reino Unido y otros países -mientras el pacto estuvo vigente-.

Después de la victoria de la Wehrmacht en la batalla de Francia en junio de 1940 y una vez iniciada ya la Segunda Guerra Mundial, las relaciones germano-soviéticas se volvieron cada vez más tensas, aun cuando ambos Estados mantuvieron un importante intercambio comercial durante muchos meses.


Hitler y Stalin consideraban el pacto germano-soviético únicamente un mero asunto temporal, fruto de la geopolítica. Hitler no había renunciado a la idea de expandir el territorio alemán hacia el Este y en una conferencia secreta celebrada el 31 de julio de 1940, los alemanes tomaron la decisión de invadir la URSS en la primavera de 1941, en un plan que tenía el nombre de «Operación Barbarroja».