El Amazonas y Francisco de Orellana


El 26 de agosto de 1542 la expedición de Francisco de Orellana alcanzó la desembocadura del Amazonas.

Tras una odisea de 9 meses, fueron los primeros en recorrer completamente el río más grande de la Tierra. Como transmite uno de los cronistas de la expedición, Carvajal, muchos de los nativos locales les abastecieron durante su descenso río abajo de víveres, agua y útiles de pesca.


El viaje les deparó continuas sorpresas: árboles inmensos, selvas de lujuriosa vegetación y un río que más bien parecía un mar de agua dulce y cuyos afluentes eran mayores que los más caudalosos de España. Cuando dejaron de divisar las orillas de aquel grandioso río, los españoles navegaron en zigzag para observar ambas riberas.

El capitán de la expedición, Orellana, había participado en la conquista del Imperio de los incas, revelando ser un soldado hábil y sobre todo fogoso, tanto que en cierta ocasión pecó de temerario y perdió un ojo luchando contra los indios manabíes.

Fue gobernador de Santiago de Guayaquil y de la Nueva Villa de Puerto Viejo, etapa en la que se distinguió por su carácter emprendedor y por su generosidad.


Aun cuando podía haber terminado sus días rodeado de paz y prosperidad, ni las riquezas ni el bienestar podían calmar su sed de aventuras y nuevos horizontes. Por este motivo, cuando supo que el gobernador de Quito, Gonzalo Pizarro, estaba organizando otra expedición, Orellana no vaciló ni un momento y se ofreció a acompañarlo.

Además, hizo algo verdaderamente encomiable y singular: puesto que deseaba ligar su existencia a aquellos territorios, juzgó necesario aprender las lenguas indígenas y se dedicó concienzudamente a su estudio. Gracias a las lenguas, los españoles entablaron amistad con un cacique llamado Aparia, que los recibió generosamente y les ofreció grandes cantidades de comida.


Francisco de Orellana regresaría a España en mayo de 1543, tras rechazar una oferta del Rey de Portugal para traicionar a la causa española.

Al año siguiente, Orellana contrajo matrimonio y firmó con el príncipe Felipe las capitulaciones para una nueva expedición al Amazonas. Sin embargo, en sus negociaciones con mercaderes, intermediarios y prestamistas, entabladas al efecto de preparar el viaje, Orellana fue víctima de su nobleza y su buena fe.


Quien había superado todas las dificultades en el mundo manifiestamente hostil de la selva no fue capaz de vencer las que le planteaba el mundo aparentemente amistoso de la urbe. En la primavera de 1545 había conseguido reunir cuatro naves, pero estaba arruinado y no podía dotarlas de lo más necesario. Se le comunicó que, dado que no había cumplido lo estipulado en las capitulaciones, la expedición quedaba anulada.

Orellana no pudo aceptar esta deshonra y partió a pesar de la prohibición expresa de las autoridades y del precario estado de sus naves. El 20 de diciembre llegaba de nuevo a la desembocadura del Amazonas y decidió lanzarse inmediatamente río arriba a la aventura.

Sus sueños de gloria terminaron en el mes de noviembre de 1546 en algún punto de la selva amazónica, a orillas del río al que había dado lo mejor de sí mismo. Su tumba fue una cruz más al pie de un árbol, en el escenario más grandioso que para él podía concebirse.

En la actualidad, una provincia de Ecuadorrecibe el nombre de Orellana. Igualmente, en el distrito "Las Amazonas" (en el río Napo), provincia de Maynas del departamento de Loreto, en Perú, existe una localidad llamada "Francisco de Orellana".