El neocolonialismo en Guinea Ecuatorial


Teodoro Obiang Nguema, que actualmente es el presidente que más lleva en el poder del mundo, cumple hoy 40 años al frente de Guinea Ecuatorial.

La feroz dictadura de Obiang llegó tras un golpe de estado en 1979 cuando derrocó a su tío, el también dictador, Francisco Macías Nguema. Las élites controlan más del 90% de la riqueza del país. La población, pobre, supera en poco el medio millón de habitantes (la población total es de 500.000) y el Producto Interior Bruto es equivalente al de Suiza. Sin embargo la riqueza no llega a la población que sigue sobreviviendo de la agricultura de subsistencia complementada con la caza y la pesca. El petróleo es explotado por la empresa norteamericana Exxon-Oil, que paga por sus concesiones directamente al dictador.

Si Obiang repartiera los beneficios petroleros entre los guineanos, cada uno de ellos recibiría una renta anual de 35 mil $. La renta española, por hacer una comparación, es de 28 mil. Por el contrario los guineanos se ven obligados a vivir con tan solo 500 dolares... La reciente historia de Guinea Ecuatorial muestra claramente que su repentina riqueza no ha servido para hacer que el país suba de forma significativa en el Índice de Desarrollo Humano.

Por otro lado, la creciente integración del país en las actividades políticas y económicas de la comunidad internacional, tampoco ha sido eficaz para facilitar ese ascenso.

Según los datos del PNUD, Guinea Ecuatorial está cerca del final del grupo de países con desarrollo medio. Con otras palabras: Más 40 años después de la independencia y 13 años después del comienzo de la industria petrolera, el país está muy lejos de lo que cabría esperar de acuerdo al crecimiento del PIB más alto del mundo entre 1995 y 2001.

La vinculación de los guineanos con España seguramente sea una de las más fuertes que existen actualmente -Fernando Gamboa determinó que muchos ancianos añoraban la Guinea Española-. Un dato anecdótico al respecto, fue cundo se produjo un partido de futbol Guinea-España, el público guineano se decantó claramente por la selección Española. Aquellos días en los que La Roja estuvo ahí, se vieron más rojigualdas que en la península.

Pero ni el estado español ni el guineano han sabido estar a la altura de la hermandad entre ambos pueblos. Durante la época colonial, las autoridades fueron protagonistas de abusos contra la población nativa. Se puso fin a los abusos en 1956, cuando los territorios españoles del Golfo de Guinea dejaron de ser una colonia y fueron elevados al rango de Provincia española del Golfo de Guinea, a semejanza del resto de territorios españoles. En 1963 se les concedió más autogobierno con la Región autónoma de Guinea Ecuatorial.

El "sí" a la independencia ganó ajustadamente, lo que reflejó la cohesión popular que había. El 12 de octubre de 1968 España otorgaba la independencia a Guinea.

Los acuerdos firmados por España y Guinea Ecuatorial establecían la presencia de un cuerpo de funcionarios español, así como de fuerzas de seguridad españolas. Por otra parte, tras la independencia se produjo una fuga de capitales que dejó a Guinea Ecuatorial al borde de la bancarrota y dependiente de los créditos otorgados por el estado español.

Las arcas de los dos únicos bancos existentes en el país, el Banco Exterior de España y el Banco Español de Crédito estaban vacías. El nuevo gobierno no podía pagar a los funcionarios y no disponía de moneda propia (la peseta guineana derivaba de la peseta española) ni de banco nacional. Además, el nuevo Estado iba a utilizar los presupuestos aprobados por el gobierno español para las dos provincias africanas, bianuales, según los acuerdos de transición firmados. Pero España se negó a cumplir esos acuerdos, lo que contribuyó a añadir tensión a las relaciones entre ambos países. El inestable Macías, un 15 de febrero de 1969, ordenó retirar la rojigualda de la residencia consular española.

El cónsul se negó y Macías lo declaró persona no grata. Las fuerzas españolas aún presentes en Guinea Ecuatorial se movilizaron en distintos puntos neurálgicos del país para asegurar la evacuación segura de los 6.800 peninsulares. Varios dirigentes y funcionarios disidentes a Macías fueron asesinados aquellos días.

Pero los roces de estado no surtieron efecto negativo en la amistad entre pueblos hermanos. Ambos supieron superar los agravios cometidos por las élites en el pasado -los abusos coloniales y la expulsión de los peninsulares cuando la "independencia"-.

El papel de España en Guinea no debe equivaler al de potencia neocolonial -para eso ya tienen a Francia y el francés como lengua oficial, pese a no hablarlo casi ningún guineano-, nuestra hermandad se debería materializar en la lucha por la justicia y la independencia política y económica del país.