España 'de facto' es una República


Algunos ven la República como un paraíso divino donde todos los problemas se solucionarían, otros como una hecatombe nuclear que acabaría con todo, lo cierto es que ambos están errados.

Ni solucionaría todos los problemas ni sería una hecatombe, básicamente porque España ya es una República, 'de facto'. En la Constitución de 1978, el titular de la soberanía es el pueblo español -el poder constituyente- y el poder se ejerce de acuerdo con los principios del Estado de Derecho, establecidos en el artículo 9 de la Carta Magna, y desarrollados también en el resto de la Constitución y del ordenamiento jurídico.

La Monarquía parlamentaria es la “forma política” de Estado, según la define la Carta Magna en el artículo 1.3. Esto significa que el rey no tiene poderes políticos sustantivos, sino sólo poderes formales.

No puede imponer su voluntad a nadie, y de sus actos políticos son responsables quienes los refrendan, en general, el presidente del Gobierno o los ministros. Por tanto, la Corona no puede dictar leyes, ni reglamentos, ni actos administrativos ni sentencias. En un Estado de derecho esto implica sencillamente no tener poder.

La Corona no se respalda ni en la nación española ni en la historia, sino en la propia Constitución.

“El rey es el símbolo de la unidad y la permanencia del Estado”, esas son las palabras exactas con las que la Constitución le define. Es decir, es un símbolo. Sin embargo, dice lo mismo la Constitución francesa de su presidente.

El poder judicial de España tiene más poder que la Corona, y ahí tienen más influencia los políticos que los Borbones. Los poderes del estado español son todos civiles: Poder legislativo (Congreso de los Diputados), Poder ejecutivo (Gobierno) y Poder judicial (juzgados y tribunales).

Por lo tanto, la política del 'Reino de España' no se diferencia en nada a la república francesa. Cosa que son incapaces de entender los dos infantilismos de la política española: el republicanismo y monarquismo.

El primero ve una República formal como un paraíso terrenal, olvidando que el Sudán de Bashir también era República. Su característica es una idealización constante de la II República y de una hipotética tercera, obviando que una República de la oligarquía -tipo francesa- es igual que una monarquía. Los obreros de la Segunda República aprenderían que una república de los oligarcas podía ser igual de represiva que la Dictadura Militar de Primo de Rivera.

Luego está el infantilismo monárquico: ve en los Borbones una especie de mito españolista que cuida a la nación española. Obvian que Juan Carlos entregó el Sahara y pensaba hacer lo mismo con Ceuta y Melilla, además de firmar el estatuto que otorgaba a Cataluña el grado de "nación". Los puntos rupturistas del Estatuto catalán serían tumbados por el Tribunal Constitucional, no por la monarquía.

En el libro "La Reina muy de Cerca", de Pilar Urbano, Σοφία Μαργαρίτα Βικτωρία Φρειδερίκη (madre de Felipe VI) no cierra puertas a que su hijo acepte una "nación de naciones" bajo la corona.