La verdad sobre los Decretos de Nueva Planta: la abolición de las instituciones feudales


Mucho se ha mentido y se ha manipulado en torno al Decreto de Nueva Planta que Felipe V promulgó después de la Guerra de Sucesión. El decreto de nueva planta hace tabla rasa con todas las instituciones feudales anteriores: Cortes, Diputación del General, Consejo de Ciento, (observar que no dice nada de la Generalitat, eso es porque aún no existía) "y todos los demás comunes no expresados en este Real Decreto, quedan suprimidos y extintos".

Se derogan los fueros y privilegios. Pero así como el decreto de 30 de junio de 1707, que abolía los fueros de Aragón y Valencia, expresaba "mi deseo de reducir todos los Reynos de España a la uniformidad de unas mismas leyes, usos, costumbres y tribunales, gobernándose igualmente todos por las leyes", en el decreto de nueva planta catalán, ni se habla, ni se pretende esta conformidad. En su artículo 42 dice el decreto de nueva planta de Cataluña: "En todo lo demás que no está prevenido en los capítulos antecedentes...mando se observen las constituciones que antes había en Cathaluña entendiendo que son de nuevo establecidas por este decreto, y que tienen la misma fuerza y vigor que lo individual mandado por él". Así se explica que hayan sobrevivido hasta nuestros días los usos, costumbres, y el derecho catalán.

Es imposible que el Decreto de Nueva Planta aboliese la Generalitat porque entonces no existía. Pero unos escritores nacionalistas de finales del siglo XIX utilizaron la expresión "Diputació o Generalitat", en vez del entonces bastante usual "Diputació o General", con lo cual demostraban que confundían a ambos organismos. El incomprensible gazapo tuvo éxito, fue copiado, hasta que algunos empezaron a suprimir la palabra Diputación, antipática ya para el nacionalismo catalán, puesto que recordaba a un organismo creado por el unitarismo de la Constitución de Cádiz, y escribieron solamente "Generalitat"... Así el histórico nombre de Diputación fue suplantado por una palabra ajena a la Historia de Cataluña, que recuerda tan sólo al General, es decir, a una dependencia de la Diputación.

Contrariamente a lo que tanto se ha divulgado, el Decreto de Nueva Planta no se ensañó con el idioma catalán. No se menciona siquiera este asunto. Tan sólo en el artículo 4º se dice que "Las causas de la Real Audiencia se substanciarán en lengua castellana". Es la única alusión al idioma. Tal disposición no es discriminatoria con la lengua catalana, por la sencilla razón de que, hasta entonces, las causas de la Real Audiencia se habían sustanciado principalmente en latín; que se había mantenido como lengua oficial, diplomática, cancilleresca, jurídica y científica. Resumiendo, para la persona de a pie todo seguía igual.

El Decreto fue la primera disposición legal por la que se limitaba el uso del catalán dentro de su dominio lingüístico peninsular, aunque la medida, por el carácter del órgano al que exclusivamente se aplicaba, tuvo escaso efecto en la práctica.

Dado que la legislación catalana aprobada en anteriores reinados tan sólo había sido derogada parcialmente, resultó necesario que en la Real Audiencia hubiera funcionarios que pudieran comprender el catalán, por lo que en el párrafo 8º del mismo Decreto se establecía que «los referidos Relatores, han de ser prácticos, y expertos en los Negocios de Cataluña, para poder comprehender bien los Processos, y escrituras antiguas». Por tanto, se utilizaban el catalán y castellano, suprimiéndose el latín.

Pocos historiadores modernos han roto el dogma de 1714 y revelado las viejas instituciones inmovilistas y anquilosadas que dominaban Cataluña.

Jordi Nadal y Emili Giralt escribieron que la capital catalana conquistada por Felipe V era "una ciudad típicamente medieval. Sería difícil encontrar un ejemplo tan patético de inmovilismo".

Por su parte Jaime Vicens Vives escribió que "una nueva planta echó por la borda del pasado el anquilosado régimen de privilegios y fueros de la Corona de Aragón. Este desescombro benefició insospechadamente a Cataluña, no sólo porque obligó a los catalanes a mirar hacia el porvenir y los libró de las paralizadoras trabas de un mecanismo legislativo inactual, sino porque les brindó las mismas posibilidades que a Castilla en el seno de la común monarquía".

Luis González Antón dice: “Los decretos de 1757 y 1756 sobre libre circulación de granos y otras mercancías supusieron ventajas inmediatas, sobre todo para las zonas mediterráneas; en Cataluña, la mejora de las condiciones de vida de los payeses por la desaparición de los viejos fueros dio como resultado explotaciones agrarias mucho más dinámicas, animadas por la ampliación del mercado”.

Pedro Voltes asegura: “el derecho y la lengua no sufrieron entonces especiales agresiones. (…) [Se puso coto] al imperio absoluto que señores de neto estilo feudal ejercían en extensas porciones del suelo catalán”.

En cualquier caso, tras la derrota austracista, se inicia lo que en el relato nacionalista se considera una etapa oscura en la que Cataluña pasa a estar oprimida bajo la bota del absolutismo español. Si bien los primeros años tras la guerra fueron duros, los datos demuestran que a partir de 1724, cuando la sociedad se ha recuperado ya de los efectos de la guerra, se inició un periodo de gran prosperidad para Cataluña gracias a las reformas introducidas.


La supresión de las aduanas internas hizo que Cataluña se integrara de pleno económicamente en el conjunto de España, algo que aprovecharon rápidamente los comerciantes catalanes, que se asentaron por todo el territorio, incluida América, donde llegaron 1263 entre 1778 y 1820.



Las políticas económicas de los borbones, como la prohibición de importar manufacturas textiles que promulgó Carlos III en 1778, fueron muy beneficiosas para la incipiente industria catalana.

La acumulación de capital que tuvo lugar en este periodo, especialmente gracias al comercio ultramarino con la América española, permitió iniciar el proceso de industrialización que convirtió a Cataluña en la región puntera de España a mediados del siglo XIX.

Gran cantidad de catalanes destacan en variedad de campos durante esta época, desde la medicina (Parés y Franqués, Salvà y Campillo) al derecho (Lázaro de Dou) o la economía (Antonio de Capmany).

¿De dónde salió el mito de "época oscura"? De los historiadores del siglo XIX influenciados por el nacionalismo romántico que quisieron crear un relato adaptado a sus necesidades de construcción nacional. Empezando por Víctor Balaguer, el historiador oficial del catalanismo en aquella época, que en palabras de Kamen, era más poeta que historiador. Lo suyo siempre fue más compilar imágenes románticas que preocuparse por la veracidad de los hechos narrados.

El padre del catalanismo, Enric Prat de la Riba, en 1899 criticó duramente la elección del 11S como Diada al considerar (acertadamente) que los austracistas no defendían un modelo catalanista sino monárquico e hispánico.