Cuando la II República Española intentó anexionarse Andorra


Durante la Segunda República Española, el estado español cuestionó el papel del copríncipe, el obispo de la Seo de Urgel, Justino Guitart. Se repitió la misma situación que durante la Revolución Francesa. España no concebía que un ciudadano suyo tuviera la soberanía de otro estado

Así, la prensa española comenzó a criticar la figura del copríncipe exclamando que no era posible que el pueblo andorrano no tuviera la soberanía y que tuviera que estar sujeto a dos príncipes feudales.

La República española quería tener la soberanía de Andorra. Por tanto, usaba al copríncipe como un administrativo al que ordenaba actuar en su nombre. Durante la Segunda República, el gobierno de Madrid promovió, de hecho, a Josep Tarongí en el cargo de delegado de la República en Andorra. Su objetivo era imponer la soberanía española sobre éste país.

Para ejecutar la nueva política sobre Andorra, el gobierno republicano español recurre a Andreu Masó, personaje audaz que llega a captar plenamente la voluntad de los síndicos, y de Josep Tarongí.

Sorprendentemente, Masó, llegó a tener en Andorra, a pesar de no residir, un poder tan excepcional que, con la perspectiva actual, cuesta imaginar. De una manera especial, la Sindicatura quedó tan condicionada por Masó que el mismo síndico en una carta al presidente de la República española Manuel Azaña, probablemente redactada por el mismo Masó, llegó a hacer un explícito reconocimiento de los pretendidos derechos de la República vecina sobre el Principado. Efectivamente, en un escrito del 21 de enero de 1933, el síndico, considerando al presidente de la República española como una instancia superior, le dirigió en lengua castellana una especie de recurso en el que decía que "el Consejo General (...) se ha visto precisada a recurrir por mediación de los infraescritos, a V. E. contra la intolerable conducta del obispo Guitart y sus secuaces ", añadiendo más adelante que "Andorra anhela y precisa para la subsistencia de la vida nacional, la cosoberanía de España en ella".

Tarongí instaló su oficina en la Seo de Urgel y se trasladaba a menudo en Andorra, desarrollando una intensa actividad para afianzar la influencia española en Andorra y relegar el copríncipe, como una fase previa para llegar después a conseguir la asunción de la cosoberanía del Principado a favor de España. Su programa para alcanzar este objetivo está explicitó en un escrito dirigido al Ministerio que lleva por título "Vocabulario que parece aconsejable emplear, desde el punto de vista español, en los documentos oficiales referentes a Andorra".
El documento dice: "Andando el tiempo, cuando las génesis españolistas hubieran terminado; cuando todos los intereses andorranos estuvieran en manos e inteligencias españolas; cuando la opinión unánime nos fuera completamente propicia; cuando ningún obstáculo apareciera en el horizonte político; entonces habrá legadas el momento de Plante del asunto de Andorra ante la Sociedad de Naciones, para que se dictase un estatuto justo y favorable a los fines españoles, incorporando Andorra a nuestra Constitución política como está a nuestro territorio. Y tras un plebiscito unánime y el cumplimiento de formulismos que podrían estudiarse con detenimiento para conseguir que el pontificado y los intereses de la Iglesia quedan satisfechos, los Valles de Andorra quedarían una vez más incorporados a la soberanía española y se pondrá fin a las usurpaciones francesas y al régimen feudo-episcopal anacrónico e insostenible".

El Ministro de Estado Pita Romero tenía un gran interés en introducir en el futuro una fórmula que explicitara la tesis sobre la soberanía española en Andorra. El primer anteproyecto del Gobierno español parece que fue redactado por José de Vilallonga, asesor del Ministerio de Estado. En ese primer borrador, de carácter interno, la pretensión del Gobierno de la República española quedaba reflejada de manera sumamente explícita en el texto del artículo 18: "En consideración al poder político que como representante del Estado español ejerce el titular de la Seo de Urgel sobre los territorios de Andorra, se conviene en que la persona que haya de ocupar aquella Sede continúe, como hasta el presente, siendo elegida y presentada a Su Santidad por el Gobierno español".

El segundo anteproyecto, si bien se matizaba suavemente la introducción, la norma equivalente (art. XV) seguía teniendo la misma carga política y decía: "En consideración del poder político que al amparo de la soberanía española, ejerce el Obispo de la Seo de Urgel, sobre los Valles de Andorra, Su Santidad consiente en que el eclesiástico que haya de ocupar dicha Sede episcopal sea designación del Gobierno de la República española".

Fueron redactados, bajo la inspiración del mismo ministro, otros dos proyectos que debían ser propuestos como base de la negociación con la comisión vaticana. En el primero, en el apartado 12, se recogía sustancialmente la fórmula anterior, pero se radicalizaba la referencia a la soberanía española, y comenzaba diciendo: "En consideración al poder político que como Príncipe representante de la soberanía del Estado español que ejerce el titular de la Seo de Urgel sobre Los territorios de Andorra". El copríncipe pasaba, pues, según este texto, de ejercer su poder al amparo la soberanía española a convertirse en representante de la misma soberanía.

Llegada la Guerra Civil se olvidó cualquier irredentismo sobre Andorra. Lo cierto es que Francia y España, conscientes de la imposibilidad andorrana de desarrollar una verdadera independencia nacional en tan reducido territorio, siempre miraron el microestado como una provincia más. A día de hoy, la defensa de Andorra, que no cuenta con fuerzas armadas, corresponde a España y a Francia.

Fuentes:

•PAPELES DE INVESTIGACIÓN HISTÓRICA, 3: 49-55 (2004), Sociedad Andorrana de Ciencias.

•“Andreu Masó i López, protagonista de las relaciones institucionales andorranas durante la Segunda República española”. Cuadernos de Estudios Andorranos.

•“La crisis política de Andorra, 1932-1933 y su repercusión en las diócesis catalanas”. Hispania Sacra. Instituto Enrique Flórez, CSIC. Madrid, vol. XXXII, 1980.

•Cf. Archivo Vidal y Barraquer, vol. IV, pág. 1421, nota 44.