El neocolonialismo francés pacta una mayor independencia monetaria para sus excolonias en África


El presidente de Costa de Marfil, Alassane Ouattara, y su homólogo francés, Emmanuel Macron, anuncian una reforma monetaria que reemplaza al franco CFA por la moneda ECO.

Esta decisión traerá tres reformas principales como el cambio de nombre de la moneda, el fin de la entrega del 50 % de las reservas de esta moneda al Tesoro francés, y el cierre de la cuenta de operaciones y la salida de los representantes de Francia de todos los órganos de decisión y gestión de la UEMOA.

Países miembros de la 'Unión Económica y Monetaria del África Occidental' (UEMOA)

A pesar de estas modificaciones, los 8 países que utilizan esta moneda en África occidental mantienen en la nueva moneda la paridad fija que ya tiene el franco CFA con el Euro, uno de los aspectos más polémicos de esta divisa.

EL FRANCO CFA, UNA MONEDA NEOCOLONIAL

El franco CFA es una moneda que utilizan 14 países de África occidental y central desde su creación por Francia en 1945, antes de que estos países obtuvieran su independencia. La primera regla es la de "la centralización de las reservas de divisas" por parte del Banco de Francia, es decir, la obligación de depositar en el Banco de Francia una parte importante de las reservas en divisas de los países de la zona franco (un 65 % hasta 2005 y un 50 % desde entonces). Estas reservas ya no están a la libre disposición de Estados que, sin embargo, son soberanos oficialmente. Estos depósitos se invierten a beneficio de la economía francesa y producen intereses. Así, el control de la mitad de los ingresos de los países africanos se pone al servicio de la economía francesa. El economista congoleño Stéphan Konda Mambou calculó que en 2014 las sumas sustraídas así a los países de la zona franco ascendían a 8 billones de francos CFA, esto es, 12.000 millones de euros.
La segunda regla es la de la paridad fija entre el franco CFA y el franco, y más tarde con el euro una vez que este se estableció. El valor del franco CFA respecto a las demás monedas (dólar, yen, etc.) varía según unos porcentajes iguales a los de las variaciones entre el euro y las demás monedas. Cuando, por ejemplo, el euro sube o baja respecto al dólar, el franco CFA hace lo mismo. Se trata de hecho de una verdadera negación de las economías africanas. Los países de la zona franco están privados de la posibilidad de actuar sobre la tasa de cambio de su moneda cuando este arma, explica el economista Jean-Luc Dubois, es un "instrumento de política económica de una importancia particular puesto que estos países producen y exportan productos de base y tienen que ser competitivos en el mercado internacional". La sujeción a un euro fuerte penaliza las exportaciones a destinos diferentes de la 'Unión Europea'.

La tercera regla es la libre transferibilidad. Por consiguiente, con esta regla no hay ningún límite a las transferencias de dinero a Europa y Francia. Se legaliza el saqueo. Los beneficios obtenidos en la zona se repatrian a Europa con lo que se convierte a África en un financiador de Europa en general y de Francia en particular. La repatriación se convierte en regla y la reinversión en el lugar en la excepción. Así, el economista senegalés Demba Moussa Dembélé calcula la huida de capitales africanos a Europa en 850.000 millones de dólares entre 1970 y 2008.

La cuarta regla se ofrece como contrapartida positiva de las tres anteriores. Estas tres reglas se plantean como condiciones para "beneficiarse" de esta última: la garantía de convertibilidad ilimitada por parte del Tesoro francés. Si un Estado de la zona franco no puede asegurar el pago en divisas de sus importaciones el Tesoro francés se compromete a suplirlo proporcionando las divisas que faltan. Cualquier persona que posea francos CFA tiene la garantía de poder convertirlos en divisas. El colmo del cinismo es que esta convertibilidad no es válida para los diferentes francos CFA entre ellos, lo que tiene el efecto lógico de disuadir los intercambios interafricanos.

La última regla instaura la dependencia directa por medio de la cogestión de los dos bancos centrales africanos de la zona: el BEAC (Banco de los Estados de África Central) y el BCEAO (Banco Central de los Estados de África del Oeste). En el consejo de administración del BEAC hay cuatro administradores franceses y dos en el del BCEAO. La unanimidad se exige sobre todo para cualquier decisión importante. Concretamente se trata de un derecho de veto que impide decisiones contrarias a los intereses de la oligarquía francesa.