Contra la Renta Básica Universal: "Lo mínimo para subsistir pero lo suficiente para evitar revueltas"


Lejos de dar la bienvenida a los avances de la tecnología moderna y al vasto potencial de liberación de la humanidad que ofrece la automatización, el rápido ritmo del desarrollo tecnológico se ve hoy en día como una fuerza peligrosa e incontrolable que podría volver obsoletas a amplias capas de trabajadores - e incluso de la denominada clase media en un futuro no muy lejano-.

Está cada vez más claro que un futuro ejército de robots ("ejército industrial de reserva") ayudará a ejercer una presión a la baja sobre los salarios de los trabajadores. Aquellos reemplazados por la nueva tecnología no son reciclados y reeducados con el fin de darles las habilidades necesarias para mantenerse al día; en lugar de eso, son arrojados al desguace y forzados a la "economía de los pequeños encargos", que se está expandiendo rápidamente, un sombrío mundo de falsos autónomos, trabajo inseguro y contratos de cero horas.

Actualmente es más barato, desde el punto de vista del especulador, reclutar entre las filas del "precariado" que busca desesperadamente un trabajo antes que invertir en maquinaria que en realidad reduce la necesidad de mano de obra. Existe al mismo tiempo una automatización “excesiva” - en términos de "desempleo tecnológico" - y, simultáneamente, una automatización "insuficiente", en términos de estancamiento de la productividad.

La RBU, en un futuro, rompería el vínculo entre el trabajo y los ingresos, proporcionando - por un lado - a los trabajadores que han sido sustituidos por robots una vía para efectuar la transición desde industrias obsoletas. Por otra parte, permitiría a los oligarcas invertir en la automatización y las nuevas tecnologías sin la preocupación de ampliar la legión de desempleados de la sociedad. Las inversiones suben; aumenta la productividad; la economía crece y mientras tanto los trabajadores son capaces de moverse suavemente de un trabajo a otro durante el resto de sus vidas. Se daría a los ciudadanos lo mínimo para subsistir (sin hijos) pero lo suficiente para calmar los ánimos populares y evitar revueltas.

Desde la socialdemocracia la RBU se propone como una reivindicación progresista: una red de seguridad reforzada, más allá del Estado de bienestar actual, financiada a través del aumento de impuestos sobre las grandes empresas y los ricos.

Pero, no es una medida intrínsecamente izquierdista o progresista. La idea de un ingreso universal, de hecho, tiene muchos defensores entre el liberalismo. Incluso economistas como Milton Friedman han hecho propuestas similares en el pasado, con su idea de "impuesto negativo sobre la renta".

Para ellos, el concepto de RBU tiene un gran atractivo como una versión extremadamente simplificada del Estado del bienestar -o sustituto para el mismo-. Los partidarios del Estado limitado sugieren recortar de un plumazo la compleja red de impuestos y subsidios, “eliminando la burocracia” y “reduciendo las interferencias en el mercado”. Al mismo tiempo, algunos liberales schumpeterianos abogan por la idea de una RBU relativamente grande, pero (y aquí está la trampa) sólo bajo la condición de que los servicios públicos molestos - como la sanidad y la educación por ejemplo- desaparezcan, es decir, que sean privatizados y abiertos al beneficio.

Por lo tanto, lejos de fortalecer las conquistas de las generaciones anteriores, se puede ver cómo la demanda de una RBU puede ser planteada por quienes buscan retroceder y destruir tales ganancias. Se trata de repartir las migajas (distribución) en vez de promover empleos de calidad (producción). La renta básica universal es el último as bajo la manga de la plutocracia liberal para su pervivencia. No se trata de una medida revolucionaria como es la conquista del poder político y económico.

También es verdad que si ACTUALMENTE la CEOE se oponen a la renta básica de 500€ es porque aumenta la capacidad negociadora del trabajador. Negándose a cobrar una miseria por su trabajo se fuerza una subida de los salarios.

Hay que destacar que la renta mínima vital propuesta por el Gobierno no es lo mismo que la universal, ya que la primera a diferencia de la segunda no es para todos los españoles. Escrivá ha mantenido que la medida llegará a 3 millones de personas en un 1 millón de hogares, de los que 100.000 serán monoparentales.