1808-2020, de nuevo por nuestra independencia


En mayo de 1808, Madrid se hallaba tomada por unos 50.000 soldados franceses, 10.000 en la capital, 10.000 en la periferia y 30.000 esperando órdenes para actuar. En la mañana del 2 de mayo, según el plan minuciosamente orquestado por el general francés Joaquim Murat, dos carrozas se dirigieron al Palacio Real con la intención de conducir a Francia a los últimos miembros de la familia real que quedaban todavía en la capital.

Al grito proferido por José Blas Molina «¡Qué nos lo llevan!», parte del gentío asaltó las puertas de palacio. El infante se asomó a un balcón provocando que aumentara el bullicio en la plaza. Un grupo que creyó que los franceses se llevaban al infante por la fuerza, atacó a una patrulla francesa, que solo pudo zafarse de la acometida por la intervención de un batallón y dos piezas de artillería, que dispararon contra la multitud. El choque desencadenó una violenta reacción popular en la ciudad, precipitó que la lucha se extendiese por todo Madrid.

Se constituyeron partidas de barrio comandadas por caudillos espontáneos; se buscó el aprovisionamiento de armas, ya que en un principio las únicas de que dispusieron fueron navajas; y se comprendió la necesidad de impedir la entrada en la ciudad de nuevas tropas francesas.

Mientras se desarrollaba la lucha callejera, los militares españoles, siguiendo órdenes del capitán general Francisco Javier Negrete, permanecieron acuartelados y pasivos.

Sólo los artilleros del Parque de Monteleón desobedecieron las órdenes y se unieron a la insurrección. Entre los insurrectos de mayor graduación de aquella jornada destacaron los capitanes Luis Daoíz y Pedro Velarde, que asumieron el mando por ser los más veteranos. Se encerraron en Monteleón junto a sus hombres y decenas de vecinos que allí fueron en busca de combate contra los franceses, repeliendo oleadas de las tropas de Murat mandadas por el general Lefranc. Sin embargo, acabaron muriendo combatiendo en situación de inferioridad (los franceses eran diez veces más) contra los refuerzos enviados por Grimaldi.

Frente a unas oligarquías antinacionales, el ejemplo de Madrid se esparció por toda la península en forma de insurrecciones populares. El pueblo español se organizó en guerrillas y demostró que la Grande Armée no era invencible. España fue la tumba de Napoleón.

El Ejército Español en múltiples ocasiones ha sido un elemento reaccionario, pero no fue así en la primera revolución nacional española. En palabras de Marx, entre todas las capas de España, el ejército fue la única enteramente transformada y revolucionada durante la Guerra de Independencia. El ejército y los guerrilleros constituían el sector de la sociedad en el que más había prendido la revolución.

El 2 de mayo debería ser fiesta nacional y no el Día de la Comunidad de Madrid. Gracias a dicho levantamiento se produjo la primera revolución nacional de España y la Constitución de Cádiz, "una reproducción de los antiguos fueros leídos a la luz de la Revolución Francesa" (Marx).

212 años después, unas élites antinacionales quieren volver a entregar España, convirtiéndola en una región de los 'Estados Unidos de Europa' (objetivo fundacional de la UE). Ser español es ya algo antiguo, pertenece al pasado, el futuro es ser europeos. España ha servido para entrar en la Unión Europea, pero una vez que hemos entrado podemos olvidarnos de ella.

Van vaciando de significado las fechas claves de nuestra identidad. Ayer, Día del Trabajador, ¿en las cadenas españolas hubo alguna película sobre el movimiento obrero? No, todo películas anglosajonas. Hoy, 2 de mayo, ¿habrá alguna película sobre nuestra epopeya nacional? No, porque ni siquiera existen. No tenemos una industria cinematográfica nacional y potente. Así es imposible fomentar el sentimiento de patria y de clase.

Lo único que cabe preguntarse es si hoy, al igual que ayer, será el pueblo quien salve la independencia de España.